Páginas blancas Sudáfrica

LAS INDUSTRIAS QUIMICA Y FARMACEUTICA AL SERVICIO DEL PODER.Investigación,armamento,negocio. (Capitulo 4 )

2017.02.02 17:13 RaulMarti LAS INDUSTRIAS QUIMICA Y FARMACEUTICA AL SERVICIO DEL PODER.Investigación,armamento,negocio. (Capitulo 4 )

(De "La felicidad tecnológica"-Andrés Herrero)
 ************************** 
*CAPITULOS PUBLICADOS: No. 1 * https://www.reddit.com/podemos/comments/5qw6hf/las_industrias_quimica_y_farmaceutica_al_servicio/
No. 2 : https://www.reddit.com/podemos/comments/5r37es/las_industrias_quimica_y_farmaceutica_al_servicio/
No.3 : https://www.reddit.com/podemos/comments/5r9w72/las_industrias_quimica_y_farmaceutica_al_servicio/** ____________________________
La sociedad tiende con frecuencia a idealizar a los científicos, cuando éstos son individuos con los mismos escrúpulos, comportamientos y valores que los demás.
En el campo de concentración de Dachau, técnicos de la Bayer controlaban y supervisaban todos y cada uno de los experimentos que se efectuaban, que iban desde el ensayo de nuevos medicamentos en prisioneros para tratar la malaria, el tifus, la tuberculosis, la fiebre tifoidea,la fiebre amarilla y la hepatitis infecciosa, pasando por inyecciones de productos tóxicos y gérmenes, hasta la exposición a gas mostaza para buscar posibles antídotos.
En cámaras estancas sometían a los reclusos a presiones extremas para comprobar la resistencia y adaptación del organismo a la altitud, hasta que perecían en medio de horrorosas convulsiones por la excesiva presión intracraneal, y para estudiar su aguante al frío, sumergían a sus víctimas en bañeras llenas de agua y hielo hasta que sucumbían.
En Auschwitz, de los 3.000 niños utilizados por el doctor Mengele para sus experimentos eugenésicos en busca de una raza superior más pura, apenas quedaban 200 vivos cuando el campo fue liberado.
Los cobayas preferidos del doctor eran los siameses a los que intentaba cambiar el color de los ojos mediante la inyección de sustancias químicas, así como los menores que padecían enanismo o síndrome de Down con los que practicaba** amputaciones sin anestesia, castraciones e intervenciones en la médula espinal, que los dejaban tetrapléjicos, llegando incluso a diseccionarlos vivos**.
Mengele intentó asimismo la esterilización masiva de mujeres, inoculándoles diversos preparados químicos de la compañía Bayer.
El ángel de la muerte solo fue el precursor de lo que vendría después.
 ** LA CIA ENTRA EN ESCENA** 
** Apenas terminada la guerra de Corea, la CIA comenzó a estudiar la forma de crear individuos-robots que obedecieran cualquier orden sin cuestionarla, torturando e hipnotizando a prisioneros norcoreanos**.
En esa misma línea, menos conocido que Mengele, pero no menos siniestro que él, destaca por méritos propios el siquiatra canadiense Ewen Cameron, contratado por la CIA para efectuar experimentos de modificación de la personalidad que se admitía pudieran ser letales siempre que las víctimas no fueran ciudadanos estadounidenses.
Se buscaba controlar a los individuos y dirigir su conducta mediante lavado de cerebro, aplicación de dosis brutales de drogas y electroshocks combinados que permitieran borrar su mente y reprogramarla partiendo de cero.
Valiéndose de sustancias alucinógenas como el LSD y drogas paralizantes, Cameron consiguió inducir comas en sus víctimas, que eran bombardeadas con mensajes repetidos obsesivamente noche y día sin descanso.** Uno de sus pacientes recuerda que le pusieron una grabación 23 horas al día que decía "mataste a tu madre", y que cuando regresó a su casa, se asombró al ver que aún seguía viva**.
Cameron fue también pionero en las técnicas de privación sensorial.
En una ocasión, encerró a una mujer en una pequeña caja blanca durante 35 días, sin luz, olor, tacto ni sonido, sorprendiendo a los propios médicos de la CIA, que sabían que bastaban menos de 40 horas en un tanque de privación sensorial para causar episodios sicóticos de delirio y severas reacciones psicológicas de carácter irreversible.
Los pacientes que ingresaban por problemas menores de depresión, fobias o desórdenes de ansiedad al instituto mental donde trabajaba Cameron, salían de allí incapacitados de por vida.
Al doctor le gustaba también practicar lobotomías con la mínima anestesia, para poder observar las reacciones del paciente a medida que el escalpelo iba cortando su cerebro.
Pero el juguete favorito del doctor Cameron eran los electrochoques.
A una madre de cinco hijos, que acudió al doctor Cameron por una depresión postparto, la mantuvo 86 días narcotizada, en estado semicomatoso.
Durante ese período, le aplicó 102 electroshocks, y quedó tan inválida, que ni siquiera podía ir al retrete sin ayuda.
Lo paradójico es que Cameron había sido miembro del Tribunal Médico de Nuremberg, donde había acusado a los médicos nazis de las mismas atrocidades que él mismo iba a cometer una década después.
El doctor Cameron dejó chiquito al mismísimo Méngele, por lo que como premio a su inmaculada hoja de servicios,** fue nombrado Primer Presidente de la Asociación Mundial de Siquiatría**.
A los que querrían creer que todo el mal terminó con los nazis y que este tipo de conductas han pasado a la historia, les convendría darse una vuelta por los laboratorios secretos de armas biológicas... ¿qué se cuece con absoluto sigilo en ellos?... ¿con quién, cómo y dónde ensayan sus cócteles mortíferos?... ¿están confeccionando vacunas para inducir cánceres?
Si el futuro tiende a la "medicina personalizada", no lo será menos la "enfermedad personalizada". Nada se filtra fuera de sus muros herméticos, y cualquier sospecha entra dentro del reino de la conjetura, aunque vistos los antecedentes, sería ingenuo concederles el beneficio de la duda.
Sería la primera vez en la historia de la humanidad que teniendo un arma no la utilizase.
Desde el momento en que a nadie le gusta tirar el dinero, hay que suponer que algún fruto habrán producido, por lo que las probabilidades de que la pesadilla continúe, son infinitamente más altas que la ausencia de pruebas.
La famosa gripe A (mezcla de cepas víricas de la humana, la del cerdo y la aviar) que tanta sicosis creó en el 2009, podría haber sido un primer ensayo global de futuras bioarmas capaces de diezmar a toda la humanidad.
«En la Conferencia Mundial para la Alimentación, celebrada en Roma, en el año 1974, Henry Kissinger pronunció un discurso sobre los problemas de “seguridad alimentaria” en el mundo.
Luego, en reuniones secretas con ministros de los países de la Commonwealth (Estados Unidos, Sudáfrica, Australia, Canadá y Nueva Zelanda) celebradas con ocasión de la misma, Kissinger discutió las políticas y estrategias a seguir respecto del control de la producción de alimentos y del uso de los mismos como arma.
De vuelta a Estados Unidos, Kissinger presentó el 10 de diciembre de ese mismo año un memorándum de 200 páginas (NSSM 200 o National Security Study Memorandum 200), firmado por el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos que él mismo presidía, con el título “Implicaciones del Aumento de la Población sobre la Seguridad de Estados Unidos y de sus Intereses en el Extranjero”, en el que manifestaba textualmente que "la despoblación debería ser la más alta prioridad de la política de EEUU hacia el Tercer Mundo", ya que se trata de un "asunto trascendental para la seguridad nacional de este país", cuya economía "requerirá grandes y crecientes cantidades de minerales y materias primas provenientes del exterior", especialmente de los países menos desarrollados.
Las recomendaciones de ese estudio fueron adoptadas como política oficial USA en Noviembre de 1975 por el presidente Gerald Ford, resumiéndose en la puesta en práctica de manera inmediata de un plan destinado a controlar el crecimiento poblacional en los países subdesarrollados, a través de tres grandes líneas de actuación:
1 Control de natalidad y esterilización masiva de poblaciones indígenas.
2 Generación periódica de hambrunas.
3 Estimulación de conflictos interregionales y guerras en esos países.
Entre 1963 y 1990 dos docenas de países que anteriormente eran autosuficientes, pasaron a depender de las importaciones de alimentos para suplir sus déficits. Brasil dejó de ser un 90% autosuficiente en cereales en 1963, a tener que importar el 25% de su producción en 1990; Haití, país cercano al 95% de autosuficiencia, pasó a importar el 55%; Egipto, de ser un 84% autosuficiente, comenzó a importar el 38%. Etiopia que tenía un 100% de cobertura, descendió al 89%. Argelia con un 76% de autosuficiencia, llegó a importar el 56%.
En México, la caída en la producción de cereales fue tan dramática, que en 1995 el gobierno declaró oficialmente 12 “zonas de hambre” en el país».
Mantener la supremacía exige no reparar en medios ni detenerse ante nada:
«La CIA, el Departamento de Defensa estadounidense e investigadores de grandes compañías relacionadas con científicos nazis que posteriormente trabajaron para la NASA, crearon el virus del Sida con el fin de frenar el crecimiento demográfico de África.
Esa es la tesis que sostiene el doctor Leonard Horowitz, que manifiesta que la fabricación del agente causante de dicha enfermedad forma parte de una estrategia genocida programada en los centros de poder de EEUU en los años sesenta.
Las conexiones de Kissinger con la CIA y los orígenes del sida y el ébola, fue el tema del discurso pronunciado por el doctor Leonard Horowitz en la XI Conferencia Internacional del Sida celebrada en julio de 1996.
Según Horowitz, investigadores del Instituto Nacional del Cáncer y científicos militares de EEUU trabajaron juntos para crear un virus que pudiera desencadenar diversos tipos de cáncer. Utilizaron monos y otros animales capaces de producir enfermedades como leucemia, sarcoma y disminución de defensas del sistema inmunológico, asociadas al sida.
En 1969, ante un comité del Congreso, Donald MacArthur, en representación del Pentágono, habría solicitado financiación para desarrollar un microorganismo capaz de destruir en un período de 5 a 10 años el sistema inmunológico humano.
La erupción del sida en África -asegura Horowitz- siguió el mismo curso que las vacunaciones de sarampión, rubeola, poleo, viruela y hepatitis B.
Las mezclas de varios tipos de virus en cultivos de células humanas y animales, que contaminaron las vacunas distribuidas en África, habrían proporcionado una "explicación plausible" y una coartada científica para afirmar que "nuevos virus estaban emergiendo en esa región del mundo".
El recorrido seguido por la epidemia sería la evidencia más clara, en opinión de Horowitz.
Los países más azotados coinciden con aquellos donde las vacunas fueron administradas con mayor intensidad: el 80% se dio en el África subsahariana.
Con todo, la acusación más grave es que esas vacunas contaminadas continúan todavía hoy siendo administradas,,,,,,,,
 **CONTINUARA ** 
submitted by RaulMarti to podemos [link] [comments]


2016.05.22 00:34 ShaunaDorothy Mumia es inocente - ¡Libertad a Mumia Abu-Jamal! ¡Abolir la racista pena de muerte! ( 25 de enero de 2006)

https://archive.is/Td03V
Mumia es inocente
¡Libertad a Mumia Abu-Jamal!
¡Abolir la racista pena de muerte!
Mumia Abu-Jamal ha estado en la antesala de la muerte por casi 24 años, falsamente condenado por asesinar a Daniel Faulkner, un oficial de policía de Filadelfia. Todos los elementos del sistema de “justicia” capitalista conspiraron para incriminar falsamente a este antiguo miembro del Partido Pantera Negra y partidario de MOVE porque fue un elocuente y desafiante portavoz de los oprimidos. Su condena se basó en testimonios mentirosos, arrancados por los policías, sin un ápice de evidencia física. Un estenógrafo escuchó al juez de su juicio, Albert Sabo —conocido como el “Rey de la antesala de la muerte”—, decir “Les voy a ayudar a freír al n----r [epíteto racista en inglés remanente de la esclavitud]”. Manipulando al jurado para excluir a personas negras, la fiscalía inflamó a los miembros del jurado con la mentira grotesca de que la membresía de Mumia en los panteras, cuando era adolescente, demostraba que estaba comprometido a asesinar a un policía “ya en ese entonces”. La condena se aseguró con argumentos de que el jurado podía desechar cualquier duda acerca de la culpabilidad de Mumia, ya que él podría presentar “apelación tras apelación”.
El estado está tan determinado como siempre a ejecutar a Mumia, un hombre inocente. Durante casi dos décadas de apelaciones, todos y cada uno de los tribunales han rechazado la gran cantidad de evidencia documentada de la descarada incriminación falsa de Mumia. Durante más de cuatro años, los tribunales del estado de Pennsylvania, así como los federales, se han negado a considerar siquiera la confesión jurada de Arnold Beverly de que él, y no Mumia, disparó y mató a Faulkner.
La lucha por liberar a Mumia ha alcanzado una coyuntura crítica. En diciembre, el tribunal federal de apelaciones puso el caso de Mumia en “fast track” para su decisión. Tanto Mumia como los fiscales están apelando las decisiones hechas en 2001 por William Yohn, el juez de Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, quien revocó la sentencia de muerte pero mantuvo todos los aspectos de la embustera condena de Mumia. En poco tiempo, incluso en tan sólo seis meses, el tribunal podría decidir qué sigue para Mumia: la muerte, la vida en prisión o más procedimientos legales.
La ejecución de Stanley Tookie Williams por el estado de California en diciembre arroja una sombra ominosa. El linchamiento legal de Williams, que provocó una protesta nacional e internacionalmente, señaló la determinación de los gobernantes capitalistas estadounidenses de fortalecer su maquinaria letal, frente a la creciente reticencia de la población acerca de cómo se aplica la pena de muerte. Mumia Abu-Jamal, el principal prisionero político de Estados Unidos, es el blanco número uno de los verdugos. Arnold Schwarzenegger, el gobernador de California, dejó esto en claro cuando, al negar la clemencia para Williams, citó el hecho de que el libro de Williams de 1998, Life in Prison [La vida en prisión] estaba dedicado a Mumia Abu-Jamal, entre otros.
El caso de Mumia demuestra de qué se trata la racista pena de muerte. Es la cuerda de linchamiento legalizada, el arma máxima en el arsenal represivo gubernamental apuntada contra la clase obrera y los oprimidos. La pena de muerte, un legado de la esclavitud, se mantiene en una sociedad en la que la segregación de la mayoría de la población negra se emplea como una cuña para dividir a las masas trabajadoras y perpetuar el dominio rapaz del capital. La brutalidad asesina del racista sistema capitalista se exhibió ante todos cuando se dejó morir a miles de personas, en su mayoría negros y pobres, en Nueva Orleáns después del huracán Katrina.
La apelación de Mumia se realiza en el contexto de la declaración del gobierno de su “derecho” a desaparecer, torturar e incluso asesinar a quienes perciba como oponentes, y a espiar e intervenir los teléfonos de cualquiera y de todos. En nombre de la “guerra contra el terrorismo”, la administración de Bush, con apoyo del Partido Demócrata, está triturando los derechos ganados mediante tumultuosas batallas de clase y sociales. El propósito es atemorizar y silenciar a cualquiera que pueda atravesarse en el camino de la implacable ofensiva de los gobernantes capitalistas por la obtención de ganancias y sus aventuras imperialistas, como la ocupación colonial de Irak.
Conforme el caso de Mumia pasa por sus etapas finales de procedimientos legales, la lucha por su libertad se plantea urgentemente. El Partisan Defense Committee [Comité de Defensa Clasista] —una organización de defensa legal y social clasista asociada con la Spartacist League/U.S.— está a favor de intentar cualquier posibilidad legal para Mumia, al tiempo que no deposita ninguna fe en la “justicia” de los tribunales capitalistas. Mediante la publicidad y la acción, hemos luchado para movilizar a las fuerzas sociales más amplias, centradas en el movimiento obrero, para exigir la libertad de Mumia y la abolición de la racista pena de muerte. Mientras Mumia enfrentaba la ejecución en agosto de 1995, un flujo masivo de protesta, nacional e internacionalmente —desde organizaciones de libertades civiles y jefes de estado tales como Nelson Mandela de Sudáfrica hasta sindicatos que representan a millones de obreros—, tuvo éxito en detener la mano del verdugo.
Hoy, la situación es más difícil. Sin embargo, si se lleva a cabo mediante una movilización basada en el poder social de la clase obrera, la lucha por la libertad de Mumia sería un paso gigantesco hacia delante en la defensa de todos nosotros contra los cada vez más depravados y perversos gobernantes de este país.
Anatomía de un embuste
Ante los ojos del estado capitalista, desde el tiempo en el que Mumia era un portavoz de 15 años del Partido Pantera Negra, en Filadelfia en 1969, él era un hombre muerto con licencia. J. Edgar Hoover, el entonces director del FBI, dijo: “Se debe hacer entender a la juventud y los moderados negros que, si sucumben a las enseñanzas revolucionarias, serán revolucionarios muertos.” Esta política se llevó a cabo tanto bajo el gobierno Demócrata de Lyndon Johnson y Ramsey Clark, su fiscal general, como bajo el gobierno Republicano de Nixon. Bajo el programa de “contrainteligencia” del FBI conocido como COINTELPRO, fueron asesinados 38 panteras y cientos más incriminados falsamente y enviados a la cárcel.
Las 900 páginas de los archivos del FBI que el PDC pudo obtener a nombre de Mumia, aunque fueron muy expurgados, dejan claro que el FBI y los policías utilizaron cualquier “truco sucio” en su misión para atraparlo. Se registró cada uno de sus movimientos y su nombre se puso en el Índice de Seguridad del FBI, la versión de la década de 1960 de una lista de “terroristas” a eliminar. Aun con la desaparición de los panteras, el estado no desistió de su venganza contra Mumia. La defensa apasionada de los derechos de los negros por parte de Mumia, un periodista conocido como “la voz de los sin voz”, continuó encolerizándolos. Los policías de Filadelfia se enfurecieron particularmente por sus reportajes que simpatizaban con la organización MOVE, la cual fue víctima de una ofensiva de terror estatal.
Mumia fue blanco de asesinato por sus creencias políticas, por lo que escribió, por lo que dijo. En las primeras horas del 9 de diciembre de 1981, en la esquina de las calles 13ª y Locust, en Filadelfia, los policías finalmente vieron su oportunidad. Esa noche, Mumia conducía un taxi por el área. Escuchó disparos. Vio a personas que corrían, vio a su propio hermano y salió de su taxi para ayudarlo. Minutos después, una bala hirió a Mumia gravemente en el pecho. Cerca, Daniel Faulkner, un oficial de policía, yacía herido. Los policías encontraron la oportunidad que tanto habían esperado y la tomaron, incriminando falsamente a Mumia como un “asesino de policías”.
El caso de la fiscalía tenía tres ejes, todos basados en mentiras: el testimonio de un “testigo presencial”, coaccionado mediante favores y terror; una “confesión” supuestamente hecha por Mumia la noche del tiroteo, que es un engaño tan descarado que no salió a la superficie hasta meses más tarde; y “evidencia” inexistente de balística. En 2001, este embuste voló totalmente en pedazos con la confesión de Arnold Beverly de que él fue el hombre que disparó contra Faulkner. En una declaración jurada, impresa en el folleto del PDC Mumia Abu-Jamal Is an Innocent Man! [¡Mumia Abu-Jamal es inocente!], Beverly declaró:
“Me contrataron junto con otro tipo y me pagaron por disparar y matar a Faulkner. Yo había escuchado que Faulkner era un problema para la mafia y los policías corruptos, porque interfería con la corrupción y los pagos hechos para permitir sin procesamiento la actividad ilegal, incluyendo la prostitución, las apuestas y las drogas en el área del centro de la ciudad.
“Se le disparó a Faulkner en la espalda y luego en la cara, antes de que Jamal llegara a la escena. Jamal no tuvo nada que ver con el tiroteo.”
Además, Beverly declaró que hubo un segundo tirador, quien también huyó de la escena. Esto está apoyado por una declaración jurada de Billy Cook, el hermano de Mumia, quien testificó que su amigo Kenneth Freeman era un pasajero en el VW de Cook en la 13ª y Locust esa noche. Freeman admitió después ante Cook que él era parte del plan para asesinar a Faulkner y había participado en el tiroteo y luego huido de la escena. Además, esto está corroborado por el testimonio de William Singletary, un testigo en la escena, quien dijo que vio a un pasajero salir del VW de Cook, dispararle a Faulkner y luego huir de la escena.
Cuando menos media docena de testigos que estaban en la escena la noche del tiroteo vieron, desde distintos puntos, a uno o más hombres negros huir. Las comunicaciones urgentes de las patrullas policiacas, justo después del tiroteo, reportaron que los tiradores habían huido con la pistola de Faulkner. Cinco testigos, incluyendo dos policías, dijeron que el tirador llevaba una chamarra militar verde, que tanto Beverly como Freeman llevaban esa noche. Mumia llevaba puesta una chamarra de esquí acolchada roja con anchas rayas verticales azules. No hay chamarra verde en la evidencia policiaca.
Beverly dijo que a Mumia le dispararon los policías en la escena. Esto lo confirma nada menos que la oficina del examinador médico estatal, cuyo registro, escrito la misma mañana del tiroteo, cita a un oficial de homicidios que dijo que a Mumia le dispararon “refuerzos policiacos que llegaban”, no Faulkner. Otros testigos han corroborado el testimonio de Beverly de que había policías encubiertos y uniformados en las cercanías cuando ocurrió el tiroteo, lo cual Beverly supuso significaba que estaban incluidos en el plan para asesinar a Faulkner. Marcus Cannon, un testigo, vio a dos policías encubiertos en la calle frente al tiroteo. William Singletary también vio a los “camisas blancas” (supervisores policiacos) en la escena justo después de los disparos.
La fiscalía desecha la idea de que los policías pudieran matar a uno de los suyos como una invención ridícula. Haciendo a un lado el que Beverly haya pasado dos pruebas de detector de mentiras, su recuento concuerda con el hecho de que cuando asesinaron a Faulkner en 1981 estaban en curso cuando menos tres investigaciones federales de corrupción policiaca en Filadelfia, incluyendo conexiones policiacas con la mafia. Policías que trabajaban como informantes del FBI fueron eliminados a principios de la década de 1980. Un otrora fiscal federal reconoció que los federales tenían un policía informante cuyo hermano era un policía, tal como Faulkner tenía un hermano que era policía.
Una declaración jurada de Donald Hersing, un antiguo informante en una investigación del FBI acerca de corrupción policiaca, confirma que, en el tiempo del tiroteo de Faulkner, se decía que los federales tenían un informante en la fuerza policiaca. El oficial al mando de la División Central de Policía, donde ocurrió el asesinato de Faulkner, el jefe de la División de Homicidios de la policía y Alfonzo Giordano, el oficial de más alto rango en la escena del asesinato de Faulkner, estaban todos bajo investigación en ese entonces por cargos federales de corrupción. Estos policías fueron, literalmente, la cadena de mando en la falsa incriminación de Mumia Abu-Jamal.
Giordano había sido la mano derecha de Frank Rizzo, el notoriamente racista jefe de policía y después alcalde de Filadelfia. Desde 1966 hasta 1970, Giordano estuvo a cargo del escuadrón de policía “de vigilancia”, que dirigió el asalto policiaco al cuartel general de los panteras negras en 1970. También fue el supervisor del sitio policiaco de 15 meses a la casa de MOVE en Powelton Village en 1977-78, que resultó en el encarcelamiento de nueve miembros de MOVE bajo cargos embusteros de haber asesinado a un policía. Giordano sabía exactamente quién era Mumia. Siendo el oficial con mayor antigüedad en la escena, Giordano tuvo tanto el motivo como la oportunidad de incriminar falsamente a Mumia por el asesinato de Faulkner.
Giordano originó la afirmación de que la pistola de Mumia —la supuesta arma homicida— estaba junto a él en la calle. Sin embargo, según informes policiacos de radio, los policías seguían buscando el arma unos catorce minutos después de que hordas de policías llegaran a la escena. Giordano arregló que el taxista Robert Chobert, quien se convirtió en un testigo de la fiscalía, identificara a Mumia. Giordano fue el testigo central de la fiscalía en la audiencia previa al juicio de Mumia. Sin embargo, nunca se le llamó como testigo en el juicio de Mumia. Poco antes del juicio, se le asignó un trabajo de oficina. Un día hábil después de que Mumia fuera declarado culpable, Giordano renunció a la policía. En 1986, enfrentando cargos federales basados en que recibió decenas de miles de dólares en pagos ilegales entre 1979 y 1980, Giordano llegó a un arreglo. No pasó ni un día en la cárcel.
La red de mentiras de la fiscalía
La historia de la fiscalía es que dos personas estaban en la esquina de la 13ª y Locust, donde se le disparó a Faulkner: Billy Cook, el hermano de Mumia, y Faulkner. La fiscalía afirma que Mumia cruzó la calle corriendo cuando vio que Faulkner estaba golpeando a su hermano. Según la policía y los fiscales, Mumia le disparó al policía en la espalda, el policía le disparó a Mumia y entonces Mumia se paró encima del policía caído y le disparó al “estilo ejecución” varias veces en la cabeza. Incluso un examen cuidadoso de la propia evidencia de los policías y de los fiscales muestra la mentira de este escenario. Una mirada a los “tres ejes” del caso de la fiscalía proporciona no sólo la confirmación desnuda de la inocencia de Mumia, sino una clara corroboración del testimonio de Beverly.
Los testigos de la fiscalía: aun con amenazas y favores de la policía y de la fiscalía en la época del juicio de 1982, ningún testigo testificó haber visto que Mumia le disparara, de hecho, a Faulkner. Sólo uno, Cynthia White, la testigo estrella de la fiscalía, testificó que pensó haber visto un arma en la mano de Mumia cuando cruzó la calle. White, una prostituta que trabajaba en el área, afirmó haber presenciado los eventos desde la esquina sudeste de la 13ª y Locust. Sin embargo, los otros dos testigos de la fiscalía, así como dos testigos de la defensa, que conocían a White, ¡negaron todos que ella estuviera en la escena durante el tiroteo! Otras prostitutas testificaron en audiencias subsecuentes ante el tribunal que la policía alternadamente hacía favores y amenazaba a White para poder extraer su testimonio.
En lo que respecta a Robert Chobert, primero le dijo a la policía que el tirador “huyó”. Después de más interrogatorios cambió su versión, afirmando que Mumia se paró sobre Faulkner mientras se hacían los disparos y que nadie huyó. La fiscalía otorgó favores a Chobert, un taxista que usaba una licencia suspendida mientras estaba a prueba por un delito mayor de incendio premeditado, a cambio de su testimonio. Después admitió que él nunca vio el tiroteo. El tercer testigo del estado era Michael Scanlan. Inicialmente identificó a Mumia como el conductor del VW, pero luego afirmó que el tirador cruzó la calle Locust corriendo, lo cual Beverly admitió haber hecho. También admitió que no sabía si Mumia era el hombre que vio.
Balística y medicina forense: la fiscalía afirmó que la evidencia balística era “consistente” con que la pistola de Mumia era el arma homicida, incluso cuando admitió que la “consistencia” se aplicaba a millones de pistolas de mano. No existe evidencia siquiera de que el arma de Mumia haya sido disparada esa noche. Hubo muchas oportunidades de analizar las manos de Mumia o la pistola para ver si ésta había sido disparada recientemente. Sin embargo, según la policía, tales análisis, que son un procedimiento de operación estándar, ¡nunca se hicieron! El oficial de vigilancia que afirmó haber recogido la pistola de Mumia, no la entregó por más de dos horas, dando tiempo más que suficiente para alterarla.
El informe del examinador médico declara que se disparó a Faulkner con una bala calibre .44, pero la pistola de Mumia era de calibre .38. Aunque el laboratorio criminalístico afirmó que el principal fragmento de bala extraído de la cabeza de Faulkner estaba demasiado dañado para someterlo a pruebas, el experto en balística del equipo de defensores lo negó. Un segundo fragmento de bala extraído de la herida de la cabeza simplemente desapareció sin dejar rastro.
La evidencia en la escena —fragmentos de bala, manchas de sangre, la ausencia de agujeros en la banqueta— refuta la afirmación de la fiscalía de que a Faulkner se le disparó repetidamente mientras yacía en el suelo. Los patrones de las balas son mucho más consistentes con varios tiradores, como testifica Beverly. El casquillo de una bala de cobre encontrado en la escena era inconsistente tanto con la pistola de Faulkner como con la de Mumia, lo cual sugiere que un arma diferente fue disparada. De manera similar, sangre de tipo O fue encontrada en la escena, pero tanto Faulkner como Mumia y Cook eran tipo A, sugiriendo que había otra persona y que fue herida. El ángulo de las propias heridas de Mumia es imposible si le dispararon mientras estaba parado sobre Faulkner, como afirmó la fiscalía. Sin embargo, las heridas de Mumia son consistentes con el testimonio de Beverly de que a Mumia le disparó un policía en la escena.
La “confesión”: el último eje del embuste fue la afirmación de que Mumia, yaciendo en un charco de sangre en el hospital a donde lo llevaron para tratarlo, gritó que le había disparado al policía. Sin embargo, el oficial de policía asignado a vigilar a Mumia ahí, reportó ese mismo día que Mumia “no hizo comentarios”. En realidad, estaba tan malherido, con un orificio de bala en un pulmón, y había sido tan golpeado por la policía en la calle y en el hospital, que no podría haber “gritado” nada. La fiscalía manufacturó la “confesión” en una reunión de mesa redonda con policías dos meses después del tiroteo.
Priscilla Durham, una guardia de seguridad, fue la única empleada del hospital que respaldó la mentira policiaca de la “confesión”. Kenneth Pate, el hermanastro de Durham, juró en 2003 que Durham dijo que los policías la presionaban para decir que Mumia confesó. Pate también dijo que Durham escuchó a Mumia decir “Déjenme, déjenme, intentan matarme”.
Mumia Abu-Jamal ha mantenido su inocencia siempre categóricamente. Como afirmó en una declaración jurada de 2001: “No le disparé al oficial de policía Daniel Faulkner. No tuve nada que ver con el asesinato del oficial Faulkner. Soy inocente... Nunca confesé nada porque no tenía nada que confesar.”
¡Movilizarse ya para liberar a Mumia!
El caso de Mumia Abu-Jamal es un ejemplo perfecto de la naturaleza de clase del estado capitalista. Su sistema de justicia está predispuesto hasta la médula por criterios de clase y raza. Los policías y los tribunales que incriminaron falsamente a este hombre inocente, la tumba en vida del sistema carcelario en el que está preso, el verdugo que está listo para matar: todos son instrumentos de la violencia organizada, empleada para preservar el dominio de la clase capitalista mediante la supresión forzada de la clase obrera y los oprimidos. Las demandas de un “nuevo juicio” que los liberales, las organizaciones que se autoproclaman socialistas, los nacionalistas negros y otros han planteado, han alimentado ilusiones de que puede haber justicia en los tribunales capitalistas. Esas ilusiones desmovilizaron a un movimiento de millones alrededor del mundo en defensa de Mumia.
Ha llegado la hora de reavivar la protesta masiva —nacional e internacionalmente— por Mumia. La libertad de Mumia no se ganará mediante la confianza en el sistema de “justicia” manipulado o en los políticos capitalistas, ya sean Demócratas, Republicanos o verdes. El poder que puede cambiar la marea es el poder de millones —trabajadores, juventud antirracista, abolicionistas de la pena de muerte— unidos en lucha para exigir la libertad de este hombre inocente. La movilización del movimiento obrero, cuyo poder social se deriva de su capacidad para detener la producción, es crucial para esta perspectiva. Como hemos afirmado desde que tomamos la defensa de Mumia a mediados de los años 80, lo que se necesita son acciones de frente unido, centradas en la clase obrera, que generen protestas efectivas a través de un espectro de creencias políticas, al tiempo que aseguran a todos el derecho a expresar sus propias opiniones.
Ha llegado el momento de hacer del caso de Mumia un llamado a la lucha contra la racista pena de muerte, contra la opresión de los negros, contra la represión gubernamental. Eleva tu voz y organízate ahora en tu sindicato, tu universidad, tu comunidad, para exigir: ¡Libertad a Mumia Abu-Jamal! ¡Abolir la racista pena de muerte!
El Partisan Defense Committee [Comité de Defensa Clasista] es una organización de defensa legal y social, clasista y no sectaria, que defiende casos y causas en el interés de todos los trabajadores. Tal propósito está de acuerdo con el programa político de la Spartacist League.
¡Únete a la campaña para liberar a Mumia Abu-Jamal!
¡Se necesitan fondos urgentemente para la defensa legal! Haz una contribución hoy, a nombre de la “National Lawyers Guild Foundation” [Fundación del Gremio Nacional de Abogados] (destinada a “Mumia”) y envíala a: Committee to Save Mumia Abu-Jamal, P.O. Box 2012, New York, NY 10159.
¡Organiza protestas! Aprueba resolutivos en tus sindicatos, universidades, organizaciones comunitarias y religiosas exigiendo la libertad de Mumia. Haz que tu sindicato u organización contribuya económicamente y se una a marchas y protestas por Mumia. Publicita el caso de Mumia en el periódico de tu sindicato u organización.
¡Corre la voz! Contacta al PDC para recibir copias de nuestro folleto, Mumia Abu-Jamal Is an Innocent Man! [¡Mumia Abu-Jamal es inocente!]. Este folleto arma a los activistas en la lucha por la libertad de Mumia con la evidencia explosiva que destruye completamente la maquinación de más de dos décadas de duración contra este elocuente luchador por la libertad negra. Está disponible por US $1/MX $3. Obtén el botón del PDC: “Free Mumia Abu-Jamal! Abolish the Racist Death Penalty!” [¡Libertad a Mumia Abu-Jamal! ¡Abolir la racista pena de muerte!]: US $1/MX $5 cada uno. Ordena el video del PDC, From Death Row, This Is Mumia Abu-Jamal [Éste es Mumia Abu-Jamal, desde la antesala de la muerte]: US $15/MX $75. El presente folleto, US $2/MX $10 por 25 ejemplares.
Haz tus pedidos y cheques al Partisan Defense Committee; envíalos a nuestra dirección en la Ciudad de Nueva York, que aparece enseguida.
Partisan Defense Committee:
Correo electrónico: [email protected]
P.O. Box 99, Canal Street Station, New York, NY 10013-0099 (212) 406-4252
P.O. Box 802867, Chicago, IL 60680-2867 (312) 563-0442
P.O. Box 77462, San Francisco, CA 94107-0462 (510) 839-0852
http://www.icl-fi.org/espanol/leaflets/mumia2006.html
submitted by ShaunaDorothy to Espartaco [link] [comments]